El telón de la 56 edición del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier cayó este domingo después de una de las ediciones más ambiciosas de su historia y con cifras que elevan todavía más el listón de uno de los certámenes culturales más veteranos de España. Alrededor de 25.000 personas han participado en la programación de este año, lo que supone un crecimiento próximo al 10% y el mejor registro de público de la última década, según el balance de la organización.
El crecimiento se ha trasladado también a la taquilla. A falta del cierre definitivo de ingresos, la dirección del certamen estima un incremento cercano al 10% en recaudación, mientras que el número de abonados ha superado los 300, también la cifra más alta de los últimos diez años.
Han sido 19 jornadas y 20 propuestas entre representaciones, espectáculos de calle, música, danza, cine y otras acciones escénicas, distribuidas entre el Auditorio Parque Almansa, el Teatro de Invierno y distintos espacios de San Javier, Santiago de la Ribera y La Manga del Mar Menor. Una extensión territorial y artística que ha permitido sacar el Festival de su escenario principal y convertir prácticamente todo el municipio en espacio cultural.
A la excelente respuesta del público se suman cinco 'sold out' a lo largo de la edición: Hinotori, las alas del Fénix, El Retablo de las maravillas, La comedia de la olla, Fedra, en los infiernos y el concierto de Luz Casal. El Auditorio Parque Almansa mantuvo además una ocupación muy elevada durante toda la programación, con una media de 1.300 espectadores por jornada, consolidando uno de los mejores registros de asistencia de los últimos años.
"Ha sido un récord de la última década y, probablemente, la programación más completa de la historia del Festival hasta el momento", resume el director del certamen y concejal de Cultura, David Martínez.
Un Festival que ya no cabe en un solo escenario
La cifra global resume el éxito, pero no explica por sí sola lo ocurrido durante estas semanas. La edición de 2026 ha querido ampliar tanto sus límites físicos como artísticos, incorporando el cine, reforzando la programación de calle y construyendo una cartelera especialmente equilibrada entre teatro clásico y contemporáneo, música, danza, circo y creación internacional.
Ha sido, además, según destaca su director, la edición más inclusiva de la historia del Festival, con propuestas como Hamlet, de Teatro La Plaza de Perú, y una de las de mayor proyección internacional, con artistas y compañías procedentes de Europa, Asia y América Latina.
El Festival ha mantenido al mismo tiempo sus vínculos con los grandes nombres de la escena española, el teatro clásico, la creación contemporánea y el talento local, dibujando durante casi un mes un recorrido que ha ido de Shakespeare a Plauto, de Cervantes a Blasco Ibáñez, del flamenco de vanguardia a la percusión japonesa y de la calle al cine.
Once noches para recorrer todas las caras del escenario
El Auditorio Parque Almansa abrió sus puertas el 2 de agosto con una de las noches más simbólicas de la edición. Sergio Peris-Mencheta regresó a San Javier para presentar Blaubeeren y recibir el Premio del 56 Festival Internacional de Teatro, Música y Danza, después de haber superado la enfermedad que lo mantuvo alejado temporalmente de los escenarios.
La producción de Barco Pirata, abrió la programación con una prolongada ovación. Para David Martínez, la entrega del galardón a Peris-Mencheta y su regreso a San Javier ha sido uno de los momentos más emocionantes de toda la edición.
Solo dos días después, Yamato, The Drummers of Japan llevó hasta San Javier Hinotori, las alas del Fénix, una exhibición de fuerza, precisión y sincronización que confirmó también la creciente dimensión internacional del Festival. Los tradicionales tambores taiko y la intensidad física de los intérpretes japoneses transformaron el Auditorio en una experiencia que trascendió el concierto convencional.
El 6 de agosto llegó La dama boba, de Lope de Vega, en versión de Xus de la Cruz y bajo la dirección de Josep Maria Mestres. Uno de los grandes textos del Siglo de Oro volvió a dialogar con el presente a través del amor, la inteligencia, las apariencias y la construcción de la propia identidad.
Dos noches después regresó a San Javier una compañía inseparable de la memoria del Festival. Els Joglars, en el año de su 65 aniversario, presentó El retablo de las maravillas, con dramaturgia de Albert Boadella y Ramon Fontserè. La compañía devolvió además el reconocimiento recibido por el Festival en 2022 entregando al certamen una escultura exclusiva de Jordi Estivill, un gesto que reforzó una relación artística construida durante décadas.
El 12 de agosto, Magüi Mira llevó hasta el Auditorio su adaptación de La Barraca, de Vicente Blasco Ibáñez, con un elenco encabezado por Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano y Patricia Ross. La tragedia rural sobre la lucha por la tierra, la pobreza y la desigualdad terminó con una de las ovaciones más largas del verano.
Dos días después llegaría uno de los espectáculos que David Martínez señala entre sus grandes momentos personales de la edición. Teatro La Plaza, de Perú, presentó su particular Hamlet, dirigido por Chela de Ferrari e interpretado por ocho actores con síndrome de Down. El célebre "ser o no ser" de Shakespeare se convirtió en una pregunta sobre identidad, oportunidades, inclusión y derecho a ocupar un lugar en la sociedad, en una propuesta que resumió como pocas la voluntad del Festival de abrirse a nuevos lenguajes y nuevas miradas.
También figura entre los momentos destacados por la dirección Rocío Molina, que el 16 de agosto llevó el flamenco hasta sus límites con Calentamiento. La bailaora y coreógrafa malagueña, reconocida este año con tres Premios Talía, convirtió la preparación física previa a una actuación en materia escénica y volvió a demostrar por qué es una de las creadoras fundamentales de la danza contemporánea internacional.
El 18 de agosto llegó uno de los encuentros más vinculados a la propia identidad del Festival. El Grupo de Teatro San Javier presentó Carmen, la flor y la cuerda, escrita y dirigida por José Antonio Navas. El grupo local, heredero de la tradición teatral del municipio de la que nació el propio certamen hace más de medio siglo, revisó el mito de Carmen desde el conflicto entre libertad, posesión, celos y derecho a decidir sobre la propia vida.
La recta final comenzó el día 20 con Carlos Sobera y La comedia de la olla, dirigida por Juan Luis Iborra. La versión de la Aulularia de Plauto llegó precedida por su éxito en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y colgó en San Javier el cartel de entradas agotadas. La noche estuvo acompañada además por el pasacalles La Plaza de Roma, incorporando el ambiente de la comedia clásica también fuera del recinto escénico.
El 22 de agosto, Lydia Bosch protagonizó Fedra, en los infiernos, escrita y dirigida por José María del Castillo, en su regreso al teatro casi cuatro décadas después. El Auditorio volvió a llenarse para una revisión del mito atravesada por el deseo, la culpa, la diferencia de edad y el juicio social sobre las mujeres, que terminó con una larga ovación.
Y el último aplauso fue para Luz Casal. El concierto del 23 de agosto llevaba semanas con todas las entradas vendidas y permitió cerrar la edición con un nuevo lleno absoluto. Para Martínez, la presencia de la artista gallega tuvo además un significado especial después de varios años intentando incorporarla a la programación.
"Llevaba mucho tiempo queriendo programar a Luz Casal en el que para nosotros es el templo de la cultura de San Javier y fue una noche inolvidable tanto por su calidad como por las emociones que despertó", destaca.
Once noches de escenario que han permitido recorrer prácticamente todas las disciplinas y sensibilidades sin renunciar, según la dirección, al denominador común sobre el que se construye el Festival: la calidad artística.
La calle rompe los límites del escenario
Si algo ha definido también esta edición ha sido la voluntad de sacar el Festival fuera del Auditorio. Cuatro espectáculos gratuitos de calle, además de otras acciones vinculadas a la programación, han llevado las artes escénicas a San Javier, Santiago de la Ribera y La Manga del Mar Menor.
La primera cita llegó el 31 de julio con Sísifos, de la compañía murciana UpArte, que convirtió la Plaza de España de San Javier en escenario para el circo contemporáneo.
El 10 de agosto, el mismo espacio acogió Winter Speaks, de Sebastián Paladines y Arena Teatro y Danza, una propuesta que cruzó danza contemporánea, teatro experimental y creación visual.
Cinco días después, el Festival se trasladó hasta Santiago de la Ribera con Elipsión, de El Carromato Teatro. Su recorrido entre la explanada del Club Náutico y Barnuevo llenó el paseo de grandes estructuras luminosas, música electrónica, movimiento y pirotecnia silenciosa en una de las propuestas con mayor capacidad para atraer al público espontáneo del verano.
La cuarta cita llegó el 19 de agosto al Puerto Tomás Maestre de La Manga, donde Non Sin Tri Circo presentó Instants, combinando monociclo, acrobacias, portes y cuerda aérea.
La respuesta obtenida en estos espectáculos refuerza una apuesta que la organización considera estratégica. El Festival ha dejado de entender la calle únicamente como complemento de la programación para asumirla como un escenario más, capaz además de llegar a espectadores que quizá nunca habían comprado una entrada para el Auditorio.
Para David Martínez, ese movimiento resume parte de lo ocurrido este verano: "Hemos conseguido que un escenario extraordinario salga a la calle y rompa los límites del espacio teatral, convirtiendo San Javier y el conjunto del municipio en una fiesta en torno a las artes escénicas y a la cultura".
El cine abre una nueva puerta al Festival
La otra gran novedad de la 56 edición ha sido la incorporación de un ciclo gratuito de cine en colaboración con la Filmoteca Regional, celebrado en el Teatro de Invierno y seguido por alrededor de 2.000 espectadores en sus cuatro sesiones.
El objetivo era establecer un diálogo entre el lenguaje cinematográfico, la literatura y las artes escénicas, recuperando películas conectadas de un modo u otro con los grandes autores y universos presentes sobre las tablas.
El ciclo comenzó el 30 de julio con Hamnet, de Chloé Zhao, vinculada al universo de William Shakespeare. El 7 de agosto se proyectó El perro del hortelano, la célebre adaptación de Pilar Miró de la obra de Lope de Vega, y el día 13 llegó La novia, de Paula Ortiz, inspirada en Bodas de sangre de Federico García Lorca.
Finalmente, el 21 de agosto, El cautivo, de Alejandro Amenábar, cerró esta primera experiencia cinematográfica acercándose a los años de cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel.
La respuesta obtenida por el ciclo refuerza además el papel del Teatro de Invierno como segunda sede cultural del Festival y abre una vía de crecimiento para próximas ediciones.
La incorporación del cine es también una de las razones por las que Martínez define 2026 como la edición "más completa y variada" realizada hasta ahora, al haber encontrado, asegura, "un gran equilibrio entre disciplinas artísticas y entre distintas formas de entender el teatro".
Un público cada vez más amplio
El público sigue procediendo fundamentalmente de la Región de Murcia y de las comunidades autónomas vecinas, aunque la organización detecta una presencia creciente de visitantes nacionales e internacionales.
Esa dimensión exterior resulta especialmente visible en las propuestas de música y danza, donde las estimaciones de venta sitúan en alrededor de un 20% la presencia de turistas internacionales.
Una respuesta que encaja con otro de los objetivos de la edición: reforzar el carácter del Festival no únicamente como programación cultural, sino también como recurso turístico y elemento de posicionamiento exterior de San Javier.
La propia procedencia de las compañías ha reforzado este carácter internacional. La presencia de Yamato, procedente de Japón, y Teatro La Plaza, de Perú, ha conectado este año el Festival con Asia y América Latina, mientras que el alcance mediático de determinadas propuestas ha situado nuevamente a San Javier en medios de ámbito nacional e internacional.
"El alcance mediático ha sido espectacular", destaca Martínez, que considera que el certamen "ha vuelto a posicionar a San Javier como un referente de la cultura nacional en el Mediterráneo".
Un Festival que también deja huella fuera del escenario
El impacto de estas 19 jornadas no termina cuando cae el telón. La celebración del Festival vuelve a trasladarse cada verano a restaurantes, cafeterías, alojamientos y comercios del municipio, especialmente durante las noches de mayor ocupación del Auditorio Parque Almansa.
Los testimonios recabados entre establecimientos hosteleros de San Javier durante esta edición confirman un incremento notable de actividad coincidiendo con los festivales de verano, tanto antes de las representaciones como después de las funciones.
La dirección del certamen apunta además a una evolución favorable del sector hotelero, especialmente en San Javier y en el conjunto de la comarca, y sitúa en torno al 50% el crecimiento de facturación observado en algunos indicadores y establecimientos respecto a periodos comparables.
Así, la organización estima que el retorno generado por el Festival, al sumar actividad hostelera, turística, comercial y contratación vinculada al propio evento, puede llegar a multiplicar varias veces la inversión realizada, con estimaciones que sitúan ese efecto en hasta cinco veces su impacto inicial.
Una dimensión económica que se añade a la cultural y social y que explica por qué el Festival se ha convertido, después de 56 ediciones, en una de las principales señas de identidad del verano en San Javier.
El alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, destaca que "el Festival demuestra que apostar por la cultura es también apostar por el turismo, por nuestra hostelería, por el comercio y por la imagen exterior del municipio. Durante estas semanas San Javier se convierte en un punto de encuentro para miles de personas que vienen a disfrutar de grandes espectáculos, pero que también conocen nuestras playas, nuestros restaurantes y todo lo que ofrece el municipio".
Luengo subraya además que "tener un Festival con 56 años de historia y seguir batiendo cifras una década después demuestra que no vivimos únicamente de su prestigio y de su pasado. El Festival sigue creciendo, incorporando nuevos públicos, ocupando nuevos espacios y generando nuevas oportunidades para San Javier. Es patrimonio cultural del municipio, pero también una magnífica carta de presentación fuera de nuestras fronteras".
"Un festival público, responsable, de todo y para todos"
A la hora de elegir los momentos que mejor resumen la edición, David Martínez menciona especialmente Hamlet y Rocío Molina por su dimensión artística; el concierto de Luz Casal por la calidad y la emoción de una noche perseguida durante años; el regreso y la entrega del Premio del Festival a Sergio Peris-Mencheta después de superar su enfermedad; y el reconocimiento recibido de Els Joglars coincidiendo con el 65 aniversario de la compañía.
Pero por encima de un espectáculo concreto, el director reivindica el modelo que ha guiado toda la programación.
"Hemos sido un festival público y responsable, programando de todo y para todos, pero siempre con el aval de calidad que nos caracteriza", señala Martínez. "Hemos ofrecido cosas extraordinarias en un escenario extraordinario, pero este año además ese escenario ha salido a la calle, ha roto sus propios límites y ha convertido San Javier y todo el municipio en una fiesta en torno a las artes escénicas y a la cultura".
La inclusión, la diversidad de disciplinas, la presencia internacional, la incorporación del cine y la recuperación de la calle como espacio escénico dejan así una edición que la dirección considera no solo la más extensa, sino también una de las que mejor representa la vocación futura del certamen.
Las cifras resumen la dimensión de esta edición: alrededor de 25.000 espectadores, cinco 'sold out', un crecimiento próximo al 10% en público y recaudación, más de 300 abonados y 19 jornadas de programación desplegadas por distintos espacios del municipio.
Diecinueve jornadas después, San Javier apaga las luces de su 56 Festival con sus mejores cifras de la última década, pero también con algo más difícil de medir: un certamen que ha ensanchado sus límites, ha encontrado nuevos públicos y ha convertido durante casi un mes el municipio entero en escenario.