Han caído imperios, hemos cambiado las monedas de oro por tarjetas de crédito y llevamos más de dos mil años convencidos de que somos bastante distintos a aquellos romanos. Hasta que aparece Plauto y nos estropea la teoría.
La comedia de la olla aterrizó este jueves en el Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier con todas las entradas agotadas y convirtió el Auditorio Parque Almansa en una fiesta de enredos, música y humor alrededor de una obsesión que ha envejecido mucho mejor de lo que quizá nos gustaría reconocer: tener, acumular y proteger lo nuestro como si en ello nos fuera la vida.
Después de llenar sus cinco representaciones en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, la producción dirigida por Juan Luis Iborra, responsable también de la versión junto a Antonio Prieto, confirmó en San Javier el extraordinario recorrido de esta particular Aulularia, transformada en una comedia contemporánea que conserva intacta la mala leche del original.
Al frente está Carlos Sobera, que se mete en la piel de Euclión, el viejo que encuentra una olla repleta de oro y, en lugar de convertirse en el hombre más feliz de Roma, empieza inmediatamente a sospechar de todo aquel que respira a su alrededor. Porque Plauto ya sabía algo hace veinte siglos, que a veces tener más no nos hace más libres, sino que nos da mucho más que perder.
Sobera encontró además magníficos compañeros de viaje en Ángel Pardo, Silvia Vacas, Jesús Cabrero, Juanjo Cucalón, David Tortosa, Arianna Aragón y Antonio Prieto, un elenco entregado al juego de la comedia y a una maquinaria de equívocos que mezcla el espíritu del teatro clásico con el ritmo del vodevil, la música y la complicidad directa con el espectador.
Amores secretos, matrimonios interesados, jóvenes empeñados en decidir su propio destino y un Euclión dispuesto a defender su tesoro frente al mundo van complicando una trama en la que prácticamente nadie consigue aquello que desea sin tener que atravesar antes el caos.
Y entre carcajada y carcajada aparece la verdadera trampa de Plauto. Nos reímos del avaro porque resulta ridículo, hasta que reconocemos algo demasiado familiar en su obsesión por poseer, aparentar y tener cada vez más. La comedia funciona precisamente porque cambia el envoltorio, pero las pequeñas miserias humanas continúan siendo extraordinariamente reconocibles.
El concejal de Cultura y director del Festival, David Martínez, celebró el lleno absoluto y la respuesta del público en una de las últimas grandes noches teatrales de esta 56 edición. "Tener el Auditorio Parque Almansa con todas las localidades agotadas para recibir una producción de esta dimensión es una magnífica manera de entrar en la recta final del Festival. Hemos vivido una edición extraordinaria y esta noche vuelve a demostrar las ganas de teatro y cultura que tiene el público de San Javier".
Martínez destacó también la calidad de un reparto que reúne sobre el escenario a algunos de los rostros más reconocidos de la escena española. "Tenemos un elenco maravilloso, una producción que viene de triunfar en el Festival de Mérida y una comedia que demuestra que los clásicos siguen absolutamente vivos cuando hay talento para traerlos al presente".
Con La comedia de la olla, el certamen encara ya sus dos últimas citas. El sábado 22 de agosto llegará al Auditorio Parque Almansa Fedra, en los infiernos, la nueva revisión del mito clásico escrita y dirigida por José María del Castillo, antes de que Luz Casal, con las entradas agotadas desde hace semanas, ponga el domingo 23 el broche definitivo a la 56 edición con su gira Me voy a permitir.
Después de casi un mes de teatro, danza, música, calle y compañías llegadas desde distintos rincones del mundo, San Javier empieza a mirar hacia la clausura de esta edición.